VIETNAM SEGÚN DAMIÁN
Es difícil definir profesionalmente a Damian E. Bretones pero en esta ocasión vamos a explorar su faceta de fotógrafo a través de la serie de fotografías realizadas en Vietnam en agosto de 2007 y que le han supuesto un merecido reconocimiento dentro de este arte visual con el que el autor busca retratar la realidad externa a si mismo pero siempre tratando de encontrar esa realidad interna de lo retratado. Por eso Vietnam, su gente y su realidad interior, supusieron para Damián una fuente de inspiración para las imágenes que desde el pasado mes de diciembre se pueden ver en el Cortijo de la Matanza. |
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Para Damián, a sus 31 años y ya licenciado en arquitectura, historia y filosofía, el secreto del éxito es la pasión con que se hacen las cosas, y hacerlas con decisión. Y así, su pasión por el cine le llevó a cursar estudios en la Escuela de Cine de Nueva York y su pasión por la fotografía y por conocer el mundo le han llevado a Indochina, desde Sapa a Saigon, y a Vietnam.
Fruto de esta pasión, y de un variado elenco de intereses, surge ‘Vietnam según Damián’ una serie de fotografías que plasman la discreta y a la vez perturbadoramente mágica, realidad de ese país que nos sorprende con sus vivos colores y en las que se aprecia un encuadre sencillo y limpio que busca sobre todo la transparencia, ser testigo directo de un instante en la vida de quienes plasma en el papel.
Damián define la fotografía como una forma de expresarse, al igual que le ocurre con la escritura utilizando esta última para encontrar y mostrar su propia realidad, su yo interno. El Damián íntimo se expresa escribiendo mientras la fotografía le sirve para contactar con el exterior, con lo que en sentido amplio, conocemos como realidad. |
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Fotografía al natural
El arte de la fotografía para Damián reside en el uso de la luz, o la falta de ella, en buscar la composición que exprese el instante vivido, en hallar el encuadre que le proporcione belleza a una imagen que aspira a captar lo hermoso de una mirada, de un instante.
Por eso nos muestra una fotografía directa, sin truco, ‘al natural’ y por eso escoge el entorno del Cortijo de la Matanza, un lugar donde las glicinias crecen en el patio y los aloes se refugian en la terraza del frío de Sierra Nevada a la que miran directamente cada mañana. Un lugar donde el laurel aún crece salvaje y la hierbabuena da aroma al té verde para transportarnos directamente a ese Vietnam que vio Damián el verano pasado y que nos ha traído directo a casa.
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